Poemas de Juana Bignozzi.

1937-2015

Le entrego mi nombre a la vida que sube

Detrás de estos juegos de inteligencia
detrás de nosotros,
que estamos en lo que podemos, que sólo manejamos vasos al borde de la lluvia vinos amicales, fosforescencias del mar tienen su nombre,
que yo sólo puedo decir a través de ojos lánguidos, sonrisas tristes mi amor devastado.

Tan pobres que éramos, y ahora los que vienen de Cuba, los que van hacia Cuba, entran en mi lenta ternura de mujer que vive junto a un río hacen insoportable nuestra miseria.

El sujeto de la izquierda

educada para ser la magnífica militante de base de un partido que por no leer la historia de mi país se ha convertido en polvo
no enamorado sino muerto preparada para una eterna carrera de fondo
tengo ante los ojos una pared impenetrable detrás de la cual sólo hay otros 50 años de trabajo y espera

Domingo a la tarde

Cuando se sientan frente a frente amores imposibles,
quincallería amistosa, tipos que se atrevieron y esa mujer intensa que lleva augurios a felicidades que nunca entenderá,
la buena gente desecha las malas palabras,
la buena gente dice todos tienen posibilidades en la vida,
sienten crecer su amor por esa mujer intensa, tan sola, que vivirá siempre detrás de una ventana
y todo lo que le ofrecen está demasiado azucarado.


Educada en el vicio de los hombres

voy a la cocina y me siguen
voy al baño y golpean la puerta me despiertan en la noche para preguntarme si duermo
llaman por teléfono en todas mis ciudades para avisarme cuidado con el vino y la vida literaria
no he perdido padre ni tíos ni ahijado ni amigos de juventud por no perder no he perdido ni editor ni ese hombre que ya sombra aún cuida mi paso en las esquinas
no me han dejado caer de su mano de su vicio de su peso de mi corazón