Poemas de Jim Morrison.

1943-1971

HORA DE MAGIA.

Burla permanente, danos una hora para la magia. Nosotros los del guante púrpura.

Nosotros los del estornino vuelo y hora aterciopelada. Nosotros los de la raza del placer árabe.

Nosotros los de la cúpula solar y la noche.

Danos un credo en el que creer. Una noche de lujuría danos confianza en la noche.

Danos color, cientos de matices una rica mandala, para mí y para ti y para tu sedosa casa de sauces.

Una cabeza, sabiduría y una cama problemático decreto.

Burla permanente te he reclamado. Solíamos creer en los antiguos buenos días.

Todavía recibimos de pequeñas formas las Cosas de Bondad.

Una frente antideportiva. Olvida y permite. 

PODER.

Puedo hacer que la tierra se pare en seco. Hice desaparecer los coches azules. Me puedo hacer invisible o pequeño.

Puedo convertirme en gigante y alcanzar las cosas más lejanas.

Puedo cambiar el curso de la naturaleza.

Puedo situarme en cualquier lugar del espacio o el tiempo.

Puedo invocar a los muertos.

Puedo percibir sucesos de otros mundos, en lo más profundo de mi mente y en la mente de los demás.

Yo puedo. Yo soy.

DESPERTAR DEL RECIÉN NACIDO.

Gentilmente se agitan, gentilmente ascienden. Los muertos son recién nacidos despertándose. Con desoladoras amputaciones y almas húmedas.

Gentilmente suspiran en el extasiado funeral de asombro

¿Quién llamo a esa muerte al baile?

¿Fue la joven mujer aprendiendo a tocar la canción del fantasma en su pequeño piano?

¿Fueron los desérticos niños?

¿Fue el mismo fantasma de Dios, tartamudo, animado, charlando ciegamente?

Te he llamado para embalsamar la tierra.

Te he llamado para anunciar la tristeza cayendo como carne quemada.

Te he llamado para desearte el bien. Para glorificarte como un nuevo monstruo.

Y ahora te llamo para rezar.

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